Que las personas podamos comunicarnos, o más precisamente entendernos, claramente es un milagro de la naturaleza. Confiar en los mensajes y propósitos que fundan la iniciativa comunicacional no es tarea sencilla. Mucho más difícil aún es que quien comunica, gane la  confianza de quien escucha.

Con las organizaciones ocurre igual. Lograr que el público confíe en aquello que se le dice no depende, únicamente, de elegir las palabras adecuadas. Sino que se trata de un proceso amplio y prolongado en el tiempo, así como quién planta las semillas para luego recoger sus frutos.

Planificar una efectiva estrategia de comunicación redundará, positivamente, en la compañía, tanto en el ámbito interno como en el externo. No se trata de una tarea de una vez y para siempre, sino que debe evolucionar para acompañar la transformación de los negocios.

Veamos los pasos principales para comenzar a diseñar una estrategia de comunicación institucional:

En primer lugar, es vital plantear los objetivos. Conocer la meta que se desea alcanzar y el por qué,  ayudará a tener fines claros y concretos. Es común que las empresas no se pregunten a sí mismas qué es lo que quieren obtener finalizado, por ejemplo, el primer año de implementación de un plan comunicacional, y esto hace que el día a día sea desordenado y la estrategia poco efectiva. 

El segundo paso es determinar y conocer a quién se dirigirá la comunicación, dado que las corporaciones no tienen un único público. Identificar sus intereses y preferencias redundará en mensajes atractivos, útiles y definirá el medio indicado para acercarse.

Precisar qué se contará es lo que sigue. Los mensajes no serán siempre los mismos y tampoco se desarrollarán siempre de la misma forma. Cada comunicación tendrá su propio objetivo particular, público y forma de ser transmitida.

Una vez que el objetivo es claro, los públicos están identificados y se definieron los mensajes, es momento para iniciar el plan de acción. La planificación ordena el día a día de la estrategia y facilita la implementación de las acciones.

En este punto, es vital saber que una planificación no tiene como fin único cumplirse, ya que debe adaptarse a los vaivenes de la coyuntura y los negocios. Es decir, el valor de la planificación no radica en llevarla a cabo a toda costa, sin tener en cuenta el contexto. Planificar sí, para pensar, prever y acompañar desde la comunicación las diferentes necesidades de la organización, sus públicos y la coyuntura. Planificar y re planificar, si es necesario, para identificar caminos posibles y no perder el rumbo. Estar atentos, delinear y alcanzar las nuevas metas que puedan presentarse.

Por último, identificar los aciertos y los errores siempre es beneficioso para contribuir con el crecimiento de un exitoso plan de comunicación. Medir la gestión para dar cuenta de los resultados, ayudará a tomar las decisiones correctas, que determinarán una próxima estrategia.

Como conclusión, podemos decir que la puesta en marcha de un plan de comunicación debe contemplar una mirada amplia de los negocios, para acompañar y fortalecer la organización y debe tener la capacidad de adecuar su desarrollo a los nuevos desafíos que se presenten.

 

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